Breaking Bad



Siempre veo esas seriales de alto impacto con un retraso de más de 3 años y no fue distinto con Breaking Bad. Me la recomendó mi hija hace unos cuantos años pero en ese momento no me entusiasmó tanto el argumento. Me sonó a policías gringos y cultura gringa de autos que explotan y muchas persecuciones y enfrentamientos con inmigrantes que vienen al país de la libertad a delinquir y a policías retirados o marginales muy inteligentes que resuelven casos que nadie más resuelve y que al final son reconocidos por sus jefes en ceremonias con la bandera izada y tortas con el nombre del héroe en la crema y muchos chistes sin gracia de los que todos ríen fraternalmente.

Pero como las recomendaciones de mi hija, no obstante, suelen ser una buena parte de las veces muy acertadas, guardé de todos modos el dato en la memoria y hace un mes buscando en Netflix me topé con la serial. La empecé a ver y efectivamente todas mis sospechas fueron confirmadas. Sin embargo, como todo buen trabajo que hace uso de los elementos de un género, la historia supera con creces a sus muletillas.

Walter White es un profesor de química, felizmente casado y felizmente endeudado; padre de un hijo y de una hija que está por venir, enamorado de su mujer, una brujilla de esas que llevan los pantalones mientras él obedece y se las arregla para ser el mejor proveedor. Como no le alcanza (rasgo universal de los profesores) debe trabajar por las tardes en un negocio de lavado de autos. Como si esto fuera poco, la hermana de su mujer está casada con un exitoso policía de narcóticos (DEA) que semanalmente atrapa a todos los malos. Un pelado insoportable (cosa que va mutando en el transcurso) que además hace chistes con la pusilanimidad de su cuñado. En medio de esta vida de ser humano común y corriente, White es diagnosticado con cáncer al pulmón e informado de los costos de su tratamiento de baja probabilidad de éxito. Poco después se entera a través de una noticia y de los detalles que su cuñado le proporciona, de que el negocio de las metanfetaminas es muy rentable. En un acto de desesperación decide aplicar sus conocimientos de químico para cocinar la droga junto a un exalumno de su escuela. White se propone seguir siendo un proveedor después de muerto y en menos de lo pensado se convierte en el fabricante de la meta más pura de Albuquerque y poco a poco la calidad de su producto lo va poniendo en contacto con narcos cada vez más poderosos. El dinero que hace "no alcanza para gastárselo ni en diez vidas".

Y he aquí algunos de los aspectos que más me interesaron y emocionaron de la serie:

1. El paso de respetado padre de familia a rey de la cocina de meta. De humillado profesor a asesino de cálculo implacable. De obediente esposo a estratega despiadado. Me lo tomé como un permiso para mirar tras un elegante microscopio el tránsito que hubo del uno al otro. Recordé todos esos casos donde personas consignadas por su amigos, parientes y cercanos como gente buena e inofensiva de un día para otro cometen algún imperdonable acto de violencia. O varios. Como si ciertos tipos de bondad no fueran más que fuerzas de una naturaleza muy diversa en estado de suspensión. Esperando las condiciones atmosféricas para despertar.

2. Todo lo que duró la serie me sentí felizmente emocionada cada vez que White o Pinkman (su socio) se salían con la suya. Cada vez que burlaban a su cuñado policía. Cada vez que le ganaban la batalla a algún narco rival a punta de pura inteligencia. En todas sus negociaciones pobladas de diálogos sutiles, de gallitos semánticos, de esos duelos brillantes de dimes y diretes librados a orillas de la muerte.

3. Y del cada vez que burlaban a su cuñado policía surge la tercera razón: de alguna manera cuando cierto tipo de ilegalidad zafa de la ley, uno se siente como vengado de una cosa indeterminada. Como si en el fondo reclamásemos la prerrogativa de ser ilegales que los poderosos tienen por derecho de nacimiento. Como si sintiéramos que no sólo debemos ser iguales en la obediencia de la ley sino que también en la desobediencia. Como si siendo testigos día tras día de la completa impunidad de los que mandan, asesinan y roban al amparo de la ley, cierto equilibrio se restableciera con el éxito de los que mandan, asesinan y roban fuera de la ley. Porque en un punto nuestras propias historias suelen parecerse más a las historias de los que están fuera, no importa cuánta distancia hayamos conseguido guardar con nuestras pequeñas vidas de asalariados formando familia y pagando deudas.

4. Me enamoré de dos personajes en especial: el primero, el abogado Saul Goodman y su lista de clientes indefendibles: narcos, prostitutas, ladrones, los mismos que podrían poblar Las letanías de Satán de Baudelaire (¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!). Porque él mismo es uno de ellos: un arrojado, un expulsado, un ángel rebelde que osó violar las prohibiciones de su dios severo; el segundo (y el number one) es Mike: un expolicía en retiro por oscuras causas que se suma al ejército de los hombres ultra leales a los grandes narcos. Mike es como un budista inverso (o quizás anverso), un iluminado cuyas actuaciones están por sobre el bien y el mal, uno que quizás entiende que en realidad nadie muere (o que la muerte no importa) y por eso mata cuando hay que matar: limpio, matemático, sin demora, sin exceso, sin rastros, sin escándalo. Como un viejo maestro que sólo está para servir. Como un animal silencioso que sigue sin más el curso de lo que le tocó vivir. (Hay un montón de personajes más muy mencionables, claro, pero daría para unas cuantas hojas más)

Como crítica muy general podría decir que el género respetó con todo rigor el retrato de policía incorruptible. Pensando en el narcotráfico eso es medio impensable pero no importa, dado que cualquier persona medianamente informada sabe que el asunto no es así y ya está. Quizás de haber corrompido a algún policía se le despaturraba mucho el guion o le quitaba impecabilidad a la trama. Pero dejando ese punto de lado, en mi opinión la serie es de cinco estrellas. Y valieron la pena las explosiones, las persecuciones, el policía inteligente y toda la utilería y el efecto especial de serie gringa.

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