Palabras

Por un trabajo que estoy haciendo tengo frente a mí la palabra “cambio”. Le he aplicado varios tipos de fuentes, tamaños, la he puesto en cursiva, en negrita, normal. Después de un rato la vuelvo a mirar y de pronto me parece tan rara, tan desconocida, como si no significara nada en absoluto. Por un momento me asusta un poco la idea, me imagino si algo así me pasara con todas las palabras, incluso con las que escribo ahora; que se convirtieran en un montón de dibujitos con palitos y curvas para arriba y para abajo, un cúmulo de montañas minúsculas como la m, de fondos de abismo como la u, de paredes barrigudas como la p o la b, de ceja levantada como la ñ. O sea que cómo sería desencarnar el verbo o romper el cordón invisible entre la palabra y su joroba, entre la sucesión de letras y sus voces fantasmas.

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