Lengua y habla

Revisando un texto escrito en el año 1577 (Las moradas de Santa Teresa de Ávila) no deja de llamarme la atención la escritura de algunas palabras: "mesmas", "monesterio", "ilesia" (por iglesia), "inorancia", "sigún", "espiriencia", "retitud", "nenguno", "eselente". Al leerlas me parece oír a una señora de campo o a alguien considerado "sin educación". Sin embargo, hablamos de una de las autoras más importantes de la literatura mística.

Pasa también con muchas palabras, que en sus orígenes se pronunciaban o escribían de una manera que ahora se considera un exabrupto del lenguaje, por ejemplo árbol, que viene del latín "arbor".

O sea que al parecer no existen términos o pronunciaciones que sean un invento, producto de una instrucción deficiente. Es como si las personas guardáramos un remoto diccionario en el ADN. Como si las viejas formas del español, pelearan por seguir viviendo en algunas bocas, para recordarnos que nuestro lenguaje también tiene una historia, no importa cuanta RAE haya pasado por encima "limpiando, fijando o dando esplendor".

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