La viga en el ojo ajeno

En un punto siempre me ha parecido medio sospechoso cuando la gente rasga vestiduras con tanta pasión por las faltas éticas del prójimo; oír tanto argumento en contra de los “cara de raja” del partido de turno. Tanta gente calurosamente indignada por la perfidia del país o del mundo según cuál sea el tema de red social vigente a la fecha. Me pregunto hasta qué punto todas esas personas tendrían una conducta intachable si fuera parte de los círculos de poder o de ambientes en que el dinero corre como río Mapocho en inundación de los ochenta. Quien no llevaría hasta a la abuelita a trabajar si tuviera en sus manos la facultad de asignar o deshacer cargos. Quien le negaría por pura honradez un trabajo al cuñado caído en desgracia, al hijo incompetente del hermano o al tío alcohólico que no da pie con bola. O quien ganando fortunas, no se adjudicaría un negocito para agregarse un par de palos más dado que ya perdió el mando sobre su nivel de vida y sus consecuentes lujos y gastos.

Para mí todo esto se trata más bien de la falta de control del factor humano, sobre todo si hablamos de un país donde una parte importante de su gente tiene cero conciencia de sí mismo, cero interés en su evolución personal, en su desarrollo espiritual. Más bien que de momento se muestran ampliamente interesados en cambiar el modelito del celular semana por medio o en vaciar las plazas y llenar los mall los fines de semana para llenar el ropero que ya ni lugar tiene. Los monstruos sobreviven en Chile porque somos nosotros quienes los alimentamos cotidianamente. Le tiramos maní al mono a cada rato. Entonces no entiendo esa moralina indignada si nos comimos el modelo y hasta le pasamos la lengua al plato.

Acá la gente no quiere aprender, ni cambiar, acá la gente quiere ser salvada. Quiere gurúes que mueran por ellos (y claro, como nunca falta alguno con vocación de héroe o de mártir que quiere reventarse para salvar giles, capaz que alguno aparezca). Quiere candidatos que les iluminen el camino (ya tuvimos algunos que lo intentaron pero que terminaron agarrados de las mechas). Quieren recitar públicamente la biblia de la moral pero sólo si les tocó ser los de abajo. Porque si alguna vez les toca en el otro lado, cualquiera sea esta manera de estar en el otro lado, habría que ver adonde les queda tanto proverbio de paladín de la justicia.

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