Inocencia

Hay un tipo de ser humano que me llama la atención. Hasta ahora he conocido sólo exponentes femeninos (supongo que los habrá también masculinos) y se trata de una personalidad que es usualmente dulce, amable, sonriente. Con un aura de inocencia importante, como niñas diría. Pero que en algún momento, casi siempre inesperadamente, lanzan una frase, un comentario que es como un cuchillazo a 20 grados bajo cero. Un frasquito de veneno concentrado. Uno se queda como evaluando si esa voltereta letal comparte las mismas cuerdas vocales, si sale de la misma garganta, si se construye en la misma fábrica. Después, retoman la dulzura, la niñez, recuperan la coraza pueril y continúan, como si nada. Lo que me sorprende es que los dos personajes son igual de contundentes. Como si habitaran lugares distintos dentro de una misma persona. Igual supongo que aplica más o menos a todos nosotros, pero me queda fuerte esa sensación teatral de alguien que regresa continuamente tras bambalinas y viste durante todo el día a su doble opuesto y luego al otro y luego al otro, que es el mismo.

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