González II

Siempre me han gustado esas “eses” sostenidas en las canciones que canta González. Son unas eses porfiadas que se resistieron a las correcciones de la mala educación, a la fonética civilizadora, a Berlín. Una ese que se marca con la punta de una espada en la pared, de superhéroe desortografiado. Alguna vez escuché una grabación de mi niñez. Mi padre tocaba el piano (o quizás su flamante órgano Yamaha con el que lo reemplazó) y yo cantaba “Saldré a buscar al amor/con las uñas con los dientes/ saldré a buscar al amor/aunque me sea indiferente”. Con una voz nasal y con unas eses pronunciadas a la manera de González que quizás más tarde el colegio de monjas me habrá conminado a abandonar. Me agradan esas eses y no sé por qué hasta me pone contenta oírlas. Como si fueran la declaración de alguna cosa pendiente. Una deuda que se salda en la mera articulación de esa letra. Niña esssscúchame una vez/todo tiene final/ Sssabes que vuelvo a tener fe/Y empiezzzo a sssanar.


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