González


Cuando tenía 13 años tenía una compañera de colegio que se llamaba Solange Ruz González. Ella nos contaba que era prima de Jorge González. En esa época tocaba con Los prisioneros y el grupo estaba en toda su gloria. A mí me gustaban mucho. Tenía todos sus cassettes, tomaba las letras con la técnica del play/pause y las cantaba hasta aprendérmelas de memoria. Antes de tener los cassettes grababa las canciones de la radio. Esperaba tardes enteras que tocaran alguna de ellos. Una vez estuve por días tratando de agarrar Pateando piedras en la radio Pudahuel del Pirincho Cárcamo y cuando llegó el momento no desactivé el pause del grabador a tiempo y por enésima vez me perdí de almacenarla y poder escucharla todas las veces que quisiera. Me tardé otros tantos días en cumplir mi misión.
Además me sentía enamorada de Jorge González. Debo haber sido la fans número diez mil que soñaba con entrevistarlo y enamorarnos perdidamente el uno del otro, no obstante mis trece años recién cumplidos. Cuando se casó con Jacqueline Fresard y leí que la había conocido en una circunstancia parecida a la que yo soñaba creo haber pensado en que estuve cerca. Que podría haber sido yo porque un tiempo antes mi amiga Solange había concertado una cita con su primo para entrevistarlo las dos a la que él no fue. Pero eso no mermó en lo absoluto mi vena calcetinera. Mi mamá no me dejaba ir a los recitales, y yo como soy obediente, me quedaba en casa con la radio a todo volumen, cantando a la misma hora del recital Latinoamérica es un pueblo al sur de EE.UU para todos los vecinos, con lágrimas cayéndome de los ojos, aprovechando que mi madre había salido. Ni siquiera pensé en escaparme e ir igual pero debí, debí.
Me gustaba que estuviera enojado, no sé por qué la gente que está enojada con el mundo de alguna manera siempre me simpatiza. Enojados con estilo eso sí, como González. Me gustaba también que primero haya cantado Por qué no se van del país y después en un punto se haya convertido en esos que quería echar. Me gustaba que fuera contradictorio con tal de hacer lo que se le viniera en gana. Me gustan todavía las cartas que escribe donde manda a pasear a todos incluso a sus fans. Me gusta que cada vez que se tira sus críticas feroces conjugue los verbos en primera persona plural: nosotros. Que se incluya en lo que critica y que no ande de profeta. Todavía soy su fans, todavía me siento un poco enamorada de él. Pero es que él pertenece a esa categoría de personas a las que llamo seres humanos enamorantes. Hombres o mujeres que le dejan a uno el corazón tembleque.
De todo esto me acordé viendo esta fotito que encontré por ahí. Con él mirando hacia un punto indeterminado, mitad cielo, mitad suelo.

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