Desobediencia

Gente que prospera en la pobreza desoyendo el mensaje desolador de la manada, gente que rompe el contrato esclavo firmado por padre, abuelo y bisabuelo, gente que se sana después de leer la firma de desahucio de cinco médicos insignes, gente que sobrevive al electroshock y transforma su diagnóstico en pomo de óleo y pincel de madera, gente que pinta en su cuerpo dragones de fuego abierto para incendiar las maldiciones maternas, gente que pelea su derecho a ser padre, gente que pelea su derecho a no ser madre, gente que se mira al espejo y pasa lista a todos sus demonios a cuestas, gente que convierte a sus demonios en libro, risa, tejido, película, luz, escenario, gente que elige el desvío y lo convierte en camino, gente que puebla con ideas el despoblado y anuncia primaveras en el desierto, gente que se concentra en la paja del ojo propio, gente que deletrea bienaventuranzas en espacios invisibles, gente que se moviliza en la invalidez, que abre sus ojos atravesando la ceguera. Gente que le tuerce la mano al incesto, a la violación, al suicidio, a la violencia, gente que rehace su mapa de víctima y gente que rehace su mapa de victimario, gente que desobedece la profecía trágica de la genealogía, que deshace en versos las condenas, que se arranca de las entrañas los malsanos decretos del fracaso y de la escasez y en su lugar planta árboles y construye casas y fabrica cielos inesperados. Gente que tañe cánticos que nos despiertan, que nos devuelven los pies y las manos. Gente. Que nos recuerda que estamos aquí para deshacer firmas, condenas, decretos de antaño; que estamos aquí para desarreglar caminos, para repintar señaléticas, para reescribir mandatos.

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