Boxer

Cerca de donde vivo hay un chico que debe estar al final de la veintena y cada vez que lo veo lleva a su lado a una perra bóxer. Pero no es sólo un paseo que le da de tarde en tarde, cumpliendo con sus obligaciones de amo responsable, porque al pasar el tiempo se da uno cuenta de que la perra lo acompaña muy temprano en la mañana a comprar el pan, que hacen juntos largas caminatas y que uno los encuentra también a varios kilómetros del barrio, siempre acompasados, justo uno al lado del otro, caminando o trotando casi a la misma velocidad, ninguno adelante, ninguno atrás.
Cuando lo vemos con mi pareja, siempre le hago el mismo comentario repetido de señora curiosa, porque nunca lo he visto junto a nadie más que no sea su bóxer, nunca un pariente, una novia, un abuelo o una madre que pudiera momentáneamente desarmar esa linealidad, ese paralelismo zoológico de dos especies que parecen pertenecer a una misma manada sea humana o canina, quien sabe. Tienen además los dos la misma expresión triste de esos rostros cuyos rasgos se dibujan en caída.
Él le habla, le llama la atención, le avisa que ya están por llegar, a veces la alimenta con sus manos, a veces le acerca un tiesto de agua al final de sus maratones compartidas. Pero no lo hace como esas señoras fanáticas de la peluquería y de calzar a sus mascotas para que no los alcance el barro o que los tratan como a los hijos malcriados que no tuvieron o que ya no van a poder tener; le habla con dulzura, con paciencia y sus ojos se le iluminan cada vez que uno se acerca y le pregunta el nombre de la perrita o para comentarle lo linda que luce, o cuántos años tiene, o cómo se llama esa raza. A todo responde él con expresión de enamorado. Y la bóxer, en su propio idioma, le responde por igual.
Hoy día me lo encontré en un almacén de la esquina sin ella, creo que debe ser la segunda vez en casi cinco años que lo veo sin su compañera. Sin pensarlo le pregunto que dónde está la perrita. Me dice que lo está esperando, que ya está por volverse, con un aire entre alegre y preocupado. Termina de guardar las naranjas que compró y sale de la tienda con la misma prontitud de siempre.

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